Prefacio

La educación es el punto en que decidimos si amamos al mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él […] también mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante como para no arrojarlos de nuestro mundo y librarnos de sus propios recursos, ni quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que nosotros no imaginamos para la tarea de renovar un mundo común.

Hanna Arendt

El libro Educación, diez aproximaciones ejemplares, que amablemente mi amigo Jorge Luis Cruz Pérez me hizo llegar y le hago este prefacio, me ha llevado a buscar como topo en mis apuntes de filosofía. Conforme leía su propuesta, más resonancias advertía de lo que los historiadores denominan «la tradición». Me parece que escucho al maestro Jorge: «¡Es sobre la tradición que trato en mi libro, y que pido me reseñes!» Esta palabra, hoy tan olvidada y tan empolvada en el ámbito escolar, anuncia algo extraordinario.

   Y es que en nuestros tiempos tardíos modernos no tenemos una portentosa memoria. Llegamos a pensar que vivimos al día, que el ayer es tautológico y monótono, a lo que se añade una consecuencia trágica: hemos negado la capacidad de soñar a las nuevas generaciones con esperanza, ese futuro de nuestra especie humana, sostenida en la tradición humanista. Pre-ocuparse del ámbito educativo, valga la metáfora, es tirar un anzuelo, esa imagen del futuro plantado en el aquí y ahora. La persona es un pescador, y ocupado en su lectura de viejos manuales sobre pesca halla novedades, pese a que ya otros han pescado en esa orilla, intuimos a su padre, su abuelo, sus amigos o los amigos de sus padres: tradición.

   Nuestro libro en su título sugiere diez aproximaciones —se presiente, no son las únicas, hay más campo por el cual ir cribando como sembrando— para acercarse, observar, reflexionar y actuar en educación, que parte desde la experiencia en Jorge como educador en Chontla, Veracruz, y un reflejo o muestra de la crisis educativa que atraviesa México.  Crisis en lo que se enseña, crisis en el magisterio, crisis en el alumnado, consecuencias prácticas: disfunción familiar, pérdida de credibilidad en instituciones, y lo que para mi gusto es más grave: indiferencia, no acción que deshumaniza al individuo. Jorge Cruz es concluyente:

Los educandos no sólo están en el mundo, también son con él. En ese estar y ser con él, tienen la responsabilidad de explicarlo y transformarlo. Pues de nada sirve explicar el mundo si no se transforma.

   Esta tradición muestra que la escuela no lo da todo, que se ha perdido el verdadero enfoque o alcance de la escuela. Los tiempos tardíos modernos han abonado a este grave error, en el cual los padres de familia suponen que el profesor tiene que enseñar lo que en familia no se transmite, y parecen decir —o su silencio cómplice delata—: «No es nuestra responsabilidad. Nos lavamos las manos, frente a ti, querido hijo, y frente a la sociedad que representa el Estado.»

   La escuela es mediadora, una introductora al mundo, que facilita al alumno su tránsito de la familia al mundo, pero hoy pretenden que el mundo es únicamente el que proporcionan las empresas, al grado —nos dirá Jorge— que las universidades de nuestro país se supeditan a empresarios: «¿Cómo quieres al profesional?» Y a nuestros jóvenes se les educa para ser técnicos; es decir, se les enseñan procedimientos, cómo hacer, cómo se produce una cosa, y no un conocimiento integral. Sólo habilidades desconectadas de interacciones humanas, sociales, políticas o axiológicas.

   Educar de forma que sea siempre posible un cambio —la acción implica identidad: «yo soy», «yo lo hago», «yo me responsabilizo»— rompe el anonimato de las masas. En la escuela se tiene el reto de promover un saber «instrumental», y también un pensamiento propio, crítico y analítico en sus alumnos, un pensar que se produzca desde la existencia, desde lo humano. Quizás la propuesta de Jorge sea ésta: la importancia de la inserción en el mundo laboral no debe suprimir la fundamental inclusión de las personas en un mundo común.

   Un cosmos nuestro, un hábitat que está en grave peligro, una sociedad que espera personas preparadas, responsables, que puedan dar, con cabalidad y seguridad, una respuesta que se exige por sí misma en el diario vivir. Personas que repensemos la educación en México; es decir, que le demos la frescura y actualización necesarias, para el bien de nuestros niños y jóvenes.

Jeremías Alamarez

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